Oficina de Información de Pastoral Juvenil

Sevilla, 6-8 de diciembre de 2002

 Comunicado final

             Durante los días 6-8 de diciembre de 2002 nos hemos reunido en Sevilla unos 200 jóvenes y adultos, coordinadores y agentes de pastoral juvenil de diferentes partes de España para reflexionar y compartir experiencias en torno al servicio eclesial que desempeñamos en nuestras diócesis, parroquias y comunidades. Nos ha convocado el tema “Jóvenes y personalización de la fe”. Han sido unos días intensos donde hemos tenido la oportunidad de mirar la realidad, percibir retos y urgencias en nuestro caminar con los jóvenes y poner de relieve algunas perspectivas de futuro que nos impulsan a seguir buscando horizontes nuevos en el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo.

            En nuestra sociedad actual, detectamos y denunciamos situaciones que obstaculizan la maduración  y el desarrollo de las personas: las dificultades para la inserción laboral y la prolongada estancia familiar, la incapacidad de muchos para integrarse en el sistema educativo, la falta de motivaciones auténticas para vivir, la ausencia de valores que ayuden a madurar... son solo algunas de las situaciones que padecen los jóvenes y ante las que no podemos permanecer indiferentes.

            Al mismo tiempo que descubrimos en los jóvenes un enorme potencial para poder afrontar tales retos, percibimos junto a ellos nuevos anhelos de plenitud, disponibilidad para acoger mensajes liberadores, necesidad de mayor interioridad y el despertar de una nueva conciencia religiosa.

            Son muchos los jóvenes que buscan razones para vivir con más sentido la propia historia, muchos  los que se preguntan si es posible encontrar senderos de autenticidad en su caminar cotidiano, muchos los que esperan una palabra alentadora capaz de sostener en la fatiga y apuntar algo más allá del tiempo fracturado en el que están instalados.

            A todos ellos y a los que todavía llegarán, queremos decirles que vale la pena su búsqueda. Codo a codo en el camino, compartimos nuestros pasos con Jesús, el Señor, nuestro hermano y nuestra esperanza. El es para nosotros el camino por el que queremos andar, la única verdad tras la que queremos ir y la vida que nos hace hombres y mujeres más plenos.

 

            Nos duele la fractura que muchos jóvenes experimentan con la Iglesia. Reconocemos que no siempre hemos sido capaces de atender sus demandas y que, en ocasiones, no hemos sabido compartir anhelos ni ser signos de esperanza. Queremos pedir perdón por la falta de testimonio de muchos de nosotros y por la ausencia de un compromiso real de todos con los jóvenes y para los jóvenes.

            Tras la experiencia compartida de estos días, queremos comprometernos a superar distancias y a encontrar nuevas formas de comunicación que expresen con más claridad la cercanía y el afecto. Desde una aceptación incondicional de cada joven y la realidad que vive, es necesario situarnos en el centro de la plaza y conversar, reir, sufrir y esperar juntos en medio de la vorágine de nuestro mundo y encontrar espacios para la acogida y la familiaridad.

            Sólo desde la cercanía y el afecto, desde una amistad sincera, podremos acompañar de verdad. Queremos ser amigos de camino que, con la sabiduría y la paciencia del maestro,  se toman de la mano y apuntan nuevos horizontes dando pasos en la misma dirección. Queremos ser hombres y mujeres autenticos y transparentes que, con su vida sencilla, sean indicadores de veredas nuevas que conducen al Dios de la vida que se nos ha revelado en Jesucristo.

            Desde esta experiencia compartida, podremos ser expresión del amor y la bondad, signos de las entrañas misericordiosas de Dios que en Jesucristo libera y sana, hace saltar las cadenas y devuelve la vista, da la vida a manos llenas y pone un brillo de esperanza en la mirada de cuantos se acercan a él.

            Seguiremos trabajando en la puesta en marcha de itinerarios para la vida y la esperanza que nos ayuden a realizar caminos de maduración y personalización de la fe junto a los jóvenes. Así, queremos propiciar ambientes y procesos que ayuden a los jóvenes a vivir experiencias fundantes, experiencias de encuentro con el Dios de la vida que posibiliten una auténtica adhesión vital a Jesucristo y, consecuentemente, un compromiso transformador de la realidad.

            En definitita, en estos días hemos compartido la fe y la vida, inquietudes y proyectos. En el trayecto, el Resucitado ha cogido nuestro paso y acompañado nuestro camino, nos ha hablado al corazón y hemos sentido fuerte su latido en nuestro pecho al partir el pan y compartir el vino de la vida abundante. La misma vida que queremos que sea para todos.

            Y ahora volvemos a Jerusalén, el lugar donde se da la vida y se da toda, comprometidos y apasionados, renovados y esperanzados. Allí, en nuestros pueblos y ciudades, seremos signos del Resucitado, hombres y mujeres nuevos que – en el centro de la plaza – prepararán el banquete del Teino donde se sentarán a la mesa los jóvenes a los que somos enviados en el nombre de Jesús.

            María, Madre Inmaculada, nos anima con su mirada, nos acoge bajo su manto y nos enseña a ser, junto a nuestros queridos jóvenes, transparencia de lo que está por venir.

 

 

Sevilla, 8 diciembre 2002