Oficina de Información de Pastoral Juvenil

¿Por qué se opone Juan Pablo II
a la guerra en Irak?

"El Papa Juan Pablo II se opone a la guerra por razones morales, como se opone a todas las guerras, como no podía ser de otra forma”. Lo ha dicho hoy viernes, día 21 de febrero, el radiofonista español Luis Herrero (Cadena COPE), pero en su descargo puede alegarse que también lo han dicho otros muchos. Una forma de explicar que: ¿acaso el Papa podría hacer otra cosa que oponerse a un ataque militar contra Irak?

Pues sí, sí que podía hacerlo, y lo ha hecho. Lo hizo en los Balcanes. Entones no habló de la injusticia de la guerra preventiva, sino de injerencia positiva. Es decir, de todo lo contrario, de la necesidad de intervenir de forma violenta para parar las aberraciones que se cometían en la antigua Yugoslavia o en el antiguo Kosovo.

No. Intuyo que la clarísima postura de Juan Pablo II contra esta guerra no se debe a la injusticia de la guerra preventiva, aunque eso es seguro; ni a la ruptura del derecho internacional, que también; ni a la prepotencia yanqui, que quizás; ni a los "tradicionales lazos entre el Vaticano y los países árabes, que a lo mejor, aunque no lo creo. 

Por cierto, déjenme hacer un receso para contarles lo mal que lo están pasando ciertos medios informativos progresistas, en especial El País, para explicar que sus tesis pacifistas coinciden con las del Papa. Es más, que el polaco se les ha adelantado una vez más y que cuando ellos van, el Karol ya está de vuelta. Así, la corresponsal del diario de Polanco en Roma, Lola Galán (esa avezada reportera que aún no ha logrado demostrar que el Papa, disfrazado de Miura, fuera quien mató a Manolete, pero está a punto de conseguirlo) explica la postura papal como parte de la estrategia vaticana encaminada a salvaguardar sus intereses con los países árabes. Supongo que se refiere a la necesidad de los miembros de la curia de calentarse los pies en este frío invierno con fuel comprado a los árabes. Y todo esto es muy divertido.

Pero retomemos el hilo. No, uno interpreta, y el riesgo de error es sólo mío, que si Juan Pablo II se opone de forma frontal a esta guerra es porque sospecha, o sabe, que si finalmente George Bush da la orden de atacar, las consecuencias pueden ser más letales que las que esperan y suponen las dos partes en liza (Washington y Bagdad) y que el asunto se les va a escapar de las manos a todos los poderosos de la tierra.

Habrá que insistir en que, al menos en cinco ocasiones, durante los últimos cuatro meses, Juan Pablo II ha empleado un estilo apocalíptico, presagios de grandes tragedias. Un lenguaje absolutamente impropio de él, un hombre lleno de esperanza en Dios y un intelectual de carácter jovial y optimista. Todo parece indicar que sabe más de lo que nosotros sabemos, incluida la CIA.

Pero es que, además, todos los conflictos surgidos desde el 11 de septiembre, comienzo de una nueva y, al parecer, bastante lamentable era, denominada lucha de civilizaciones (en especial de Occidente contra el mundo islámico), transpiran una confusión básica: la de que el mundo islámico es oriental, quizás por su situación geográfica. La simplificación mental al uso consiste en decir que Sadam Husein es el paladín de ese Islam, enfrentado al Señor de Occidente, un tal George Bush.

Pero no es así: Bush, en efecto, representa a Occidente, un mundo monoteísta, al igual que el Islam, y esa teología genera una filosofía, una forma de vida y una historia. De hecho, el Islam no es más que una caricatura del Cristianismo que forjó Europa, del Cristianismo que considera a la persona hijo de Dios y, por tanto, sujeto sagrado de derechos. Lo que se opone a ese Cristianismo no es el Islam, aunque ejerza esa posición en los terrenos político y económico, sino Oriente, la vieja Asia de carácter panteísta. En esta línea, no es casual el empeño de Juan Pablo II en la elaboración, por parte del Vaticano, del documento sobre la New Age, que es, en verdad, el principal enemigo filosófico de Occidente.

A nadie como a Chesterton (¿podía ser de otra forma?) le he visto explicar con tanta clarividencia esta verdadera pugna, repetida a través de la historia, entre Occidente y Oriente. Escuchemos:

“Cuanto más evidente es un tópico más estéril es. Acabamos por no entendernos a nosotros mismos cuando decimos que Asia es vieja, que mira hacia el pasado y que vuelve la espalda al progreso. Toda la Cristiandad cree, con el Cristianismo, que está en nuestro poder ir a cualquier parte, en este mundo o en el otro; que los deseos del mundo pueden ser satisfechos por la posesión absoluta y completa, ya de una vida humana, ya de antiguos amores. Además, ello comprueba que todo sigue un ritmo alterno de ascensiones y recaídas, espontáneo, imprevisible, y que no es una línea recta,  ascendente, continua. El ritmo asiático, por contra, se convirtió en una recurrencia mecánica; en lugar de montañas rusas, la rueda incansable. Pueblos geniales son víctimas del vértigo de una rotación cósmica alrededor del eje hueco de la nada, y la miseria suprema de la existencia, se dicen ellos implacablemente, es que no hay razón para que termine jamás”.

Este es Bush, a pesar de su belicismo. Y este es Sadam Husein, a pesar de su salvajismo.

Ahora vamos con Oriente, personificado en Buda, pero cuya pista pueden ustedes seguir en su ámbito más próximo, en forma de ecologismo panteísta, desprecio por el individuo, cultura de la muerte, y, en una sola palabra: desesperación y tristeza. Vuelve a hablar Chesterton:

“El budismo propone al hombre, como único medio de eludir la eternidad de su destino, anonadar en sí mismo la ilusión llamada deseo, y sin que el sacrificio de sus legítimas aspiraciones inmediatas le asegure para más tarde  logros más perfectos. Es al deseo, a las mismas aspiraciones, a lo que es preciso que el hombre renuncie. Y una vez que esté persuadido de que no hay verdad, ni realidad, de que incluso su alma no es más que un espejo de la universal y eterna disolución, ningún revés ni ningún cambio podrán afectarlo. Existirá, si esto es existir, en una especie de paroxismo de indiferencia absoluta, que el budismo tendrá, sin dudas, razones para llamar beatitud, pero que a los ojos de los occidentales no se distingue casi de la desesperación. Para el budismo, las buenas y las malas acciones en la nada, y el Señor de la Misericordia tiene igual piedad para los que viven que para los que mueren... El pensamiento búdico se expresa muy bien con un “0”, tomado, si no como cifra, al menos como figura de un círculo, imagen de la serpiente que se muerde la cola, curva que contiene todo y no conduce a ninguna parte, prototipo de las discusiones que giran en redondo. No fue por casualidad por lo que la rueda de Buda se simbolizó en la famosa cruz escalada que se llamó esvástica. Nuestra cruz cristiana dibuja cuatro ángulos rectos abiertos a los cuatro vientos; ala esvástica la sorprendemos en el flagrante delito de curvarse y volver al círculo... La seguridad cristiana se funda en la certidumbre poderosa de que las cosas son lo que son”.

Este no es Sadam, estos son los pacifistas occidentales. Son Ana Belén y Aitana Sánchez-Gijón. Es Rodríguez Zapatero y, cada vez más, son los hombres de Polanco, a medida que los treinteañeros “new age” van expulsando a los veteranos marxistas del grupo editorial más importante de España.

Definitivamente, sospecho que el Papa se opone al ataque a Irak porque ve tras él una especie de batalla final, de proporciones mucho más dañinas e inmensurables que la prevista por los servicios de inteligencia. Y no quiere que eso ocurra. Peor soleos una sospecha personal (Pero sólo es una sospecha.  

Posdata 1. El profeta Alejo

Núñez Morgades, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, se ha ofrecido para facilitar el aborto a la niña nicaragüense de nueve años que se ha quedado embarazada tras ser violada.

La clínica abortista española Dator (cerca de 10.000 homicidios al año) también se ofrece a echarle una mano, al cuello, a la familia de la niña.

Es más, una ONG (Dios nos libre de los filántropos), con el consentimiento de sus padres, se llevó a la niña del hospital en el que se encontraba para “arreglarle el problema”, es decir para hacerle abortar a la fuerza.

Hacía mucho tiempo que la cultura de la muerte, esa masa viscosa que se extiende por todo el planeta, no disponía de un caso tan proclive a ser utilizado con el mayor descaro. Es terrible, en efecto, que una niña de 9 años se quede embarazada. Pero la solución no es el aborto. O, como dicen los médicos, que no los curas, que han atendido a la pobre niña: "El caso de esta menor es de altísimo riesgo, tanto si sigue adelante con el embarazo como si aborta". ¿Entonces, ¿por qué no intentar salvarla en lugar de someterla a un aborto, que supone la muerte cierta del menor y la muerte muy probable de la menos menor?

Una asociación española, Fundación Madrina, está dispuesta a hacerse cargo de la niña nicaragüense. Pero, al parecer, el poder, por ejemplo Núñez Morgades, es mucho más resolutivo.

Eso sí, la mayor necedad de este manipulado caso se la lleva, como no, el eurodiputado del Partido Popular Aleix Vidal-Quadras, quien anuncia, desde el diario La Razón, que la Iglesia le "cierre inexorablemente el porvenir" si no adecua su mensaje a la realidad. Eso se lo llevan diciendo a la Iglesia desde que nació, y recuerda la vieja pintada callejera en la que alguien escribió: 

Dios ha muerto. Friedrich Nietzsche.

Y otro alguien escribió debajo:

Nietzsche ha muerto. God. 

Pedirle a la Iglesia que cambie su doctrina sobre el derecho a la vida del no nacido para evitar deserciones de sus fieles es como pedirle al Gobierno del PP que vierta petróleo en las playas gallegas con lo que se evitaría el impacto popular de cualquier accidente tipo Prestige. 

Que no, Alejo. Cuando tu y yo estemos criando malvas, esa Iglesia cuyo fin pronosticas seguirá viva. Y más: sólo hay una posibilidad de que tu profecía se cumpla: que la Iglesia haga aquello que tú propones: cambiar el mensaje para adecuarlo a los tiempos. Eso, acomodarse a los tiempos (que en mi pueblo dicen arrimarse al sol que más calienta), es lo que han hecho todos los falsos profetas, todas las sectas, todas las herejías y todos los centros reformismos que en el mundo han sido. Y ya ves lo que han durado, muchacho. En el mejor de los casos, un par de generaciones.

                                                                                         Eulogio López